Vivienda, política urbana y sustentabilidad



Por en junio 1, 2012 | 2:56 PM | Imprimir

Vivienda, política urbana y sustentabilidad

Para Gabriel Quadri el reto de las grandes urbes debe apuntar hacia un modelo de alta densidad y diversidad, accesibilidad, movilidad colectiva y no motorizada, más espacio público, eficiencia energética, bajas emisiones de GEI, sustentabilidad, empleo, educación de calidad, recreación, y oportunidades de desarrollo personal y cultural. Sin embargo, ¿Cuál es la dirección que promueven las ciudades mexicanas?

Un desafío vital para nuestro país es la edificación de espacios urbanos eficientes donde pueda insertarse productivamente una oferta de vivienda orgánicamente integrada a la ciudad.

La vivienda en sí misma es sólo un elemento en el sistema urbano, que debe abrir  las puertas al empleo, educación, salud, recreación, cultura, movilidad, espacio público, convivencia y relaciones sociales, cohesión, creatividad, servicios, equipamiento, y equidad. Estos son sólo asequibles en la ciudad, y a través de los valores de proximidad en espacios urbanos densos y diversos.

Cercenado de la ciudad, el derecho a la vivienda carece de contenidos funcionales y puede ser fuente de costosas distorsiones para la economía y la sociedad, para los propios derechohabientes de los organismos de vivienda, y para las políticas climáticas actuales y futuras, tendientes a lograr un desarrollo con bajas emisiones de carbono.

La vivienda debe ser instrumental para la creación de espacios urbanos productivos y sostenibles, como objetivo primordial.   En gran parte, la morfología, dinámica, estructura, y sustentabilidad de las ciudades son resultado de las políticas de vivienda. De ellas depende significativamente que se desarrollen ciudades densas y compactas, eficientes  y competitivas, y sostenibles en términos ambientales y climáticos.  O su antítesis: decadencia y abandono, y desparramamientos habitacionales aislados y segregados en un contexto exo-urbano (urban sprawl); como ocurre ahora predominantemente en México.

No puede exagerarse la urgencia de promover condiciones de sostenibilidad para nuestro sistema urbano, y por tanto, para el país en su conjunto,  a través de políticas de densificación e integración orgánica de la vivienda a la estructura funcional de las ciudades. Para ello, es precisa una reforma institucional en el  llamado sector vivienda, dentro de un nuevo esquema de políticas de concurrencia federal y local a través de intervenciones inteligentes en los espacios urbanos.

La ciudad es lo que realmente realiza las aspiraciones de alojamiento digno, educación, empleo, cultura, recreación y calidad de vida. La vivienda es un instrumento, no un fin en sí mismo. Por una parte, para satisfacer esas aspiraciones,  las ciudades deben apuntar a un modelo de alta densidad y diversidad, accesibilidad, movilidad colectiva y no motorizada, espacio público, eficiencia energética y bajas emisiones de GEI, sustentabilidad, empleo, educación de calidad, recreación, y oportunidades de desarrollo personal y cultural. Por la otra parte, es imperativo reconocer que el  instrumento  más rotundo  y expedito  de hacer ciudad es hacer vivienda. Ciudad y vivienda deben ser vistas como un binomio inseparable.

Una alta densidad urbana es precondición de eficiencia energética, un bajo consumo per cápita de energía, y bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Las ciudades europeas son emblemáticas de altas densidades, mientras que las ciudades norteamericanas son la antípoda.

En México es notable un proceso rápido de expansión horizontal suburbana de las ciudades, y con ello, la reducción en las densidades, lo cual se ilustra con los casos de Ciudad Juárez, Puebla, Cuautla y Aguascalientes. Sus poblaciones se han incrementado entre 1.6 y 3.8 veces, mientras que su superficie ha aumentado entre 6 y 21 veces aproximadamente. La expansión horizontal explosiva es un fenómeno generalizado tanto zonas metropolitanas como en ciudades medias y pequeñas.

Las densidades demográficas urbanas se han desplomado en numerosos casos por debajo de los 50 habitantes por hectárea. Esta inercia ha recibido un empuje definitivo con políticas del INFONAVIT de crédito hipotecario masivo para vivienda en conjuntos distanciados de las ciudades,  en propiedad, a costo mínimo,  que dejan las decisiones de localización a las empresas desarrolladoras, y en un mercado de tierra con fuertes externalidades y virtualmente sin regulaciones territoriales operativas.  De hecho, entre 1996 y 2006 el área urbana ampliada de las ciudades creció hasta entre 23 y 79%.

En este contexto, es imposible un transporte colectivo eficiente y confortable, y la única solución que queda a las familias es tratar de hacerse de un vehículo automotor privado. Lógicamente, la dispersión y la segregación  estimulan la tenencia y uso de vehículos automotores privados (por cada 1,000 habitantes) como única solución de movilidad, con carencias profundas de transporte público y de sistemas de movilidad peatonal y no motorizada. En consecuencia, la estructura modal del transporte se distorsiona y adquiere un peso desproporcionado la proporción de viajes y de kilómetros recorridos en vehículo automotor privado.

Es claro que las bajas densidades del modelo de desparramamiento urbano inducido por las políticas vigentes de vivienda implican serias  desventajas competitivas para las ciudades.[1] La evidencia global muestra que las ciudades más densas generan las mayores oportunidades de crecimiento económico, y menores costos de provisión de infraestructura y servicios por habitante, y también las que ostentan condiciones  más favorables de sustentabilidad, dada su menor huella energética per cápita al igual que en materia de gases de efecto invernadero por habitante.[2] Se sabe que la productividad y los salarios promedio, y por tanto el nivel de vida y la reducción de la pobreza, varían favorablemente con el aumento en la población urbana en condiciones de densidad media y alta. De hecho, la dinámica económica de las grandes urbes crece más que proporcionalmente que su población. De manera simétrica pero a la inversa, el uso de recursos per cápita es menor en ciudades densas que en áreas suburbanas, en cuanto al uso de materiales, energía y emisiones contaminantes, dada la mayor eficiencia en la utilización de infraestructuras. En general, se observa un incremento notable en la productividad y en la eficiencia, y con ello, reducciones en costos totales de servicios públicos per cápita, esto, correlacionado con interacciones sociales más intensas y  economías de proximidad.[3]

Ciertamente, la vivienda es un derecho consagrado en la constitución, como muchos otros derechos sociales (salud, educación, empleo, medio ambiente). Pero no puede tratar de hacerse efectivo en forma que anule su propio concepto y contenidos, y  con grandes costos sociales, ambientales, energéticos, urbanos y climáticos. La vivienda mínima, sin ciudad y sin tejido urbano, es una célula física destinada a incubar frustración. La política y el modelo actual de vivienda son motor de un proceso extensivo de suburbanización o exo-urbanización, cuyas consecuencias, costos o externalidades son muy onerosas.  El derecho a la vivienda, sin derecho a la ciudad  es una peligrosa involución civilizatoria.

Autor: Gabriel Quadri

Nacido en México, D.F.  Ingeniero Civil por la Universidad Iberoamericana. Maestro en Economía y Candidato a Doctor en Economía por la Universidad de Texas en Austin. Fue presidente del Instituto Nacional de Ecología, y  Director General del Centro de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable, del Consejo Coordinador Empresarial. Fungió como Director de la empresa EcoSecurities especializada en el mercado de carbono y en proyectos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Actualmente es Director Asociado de Sistemas Integrales de Gestión Ambiental, S.C., y de su subsidiaria SIGEA Carbon, además de ser socio de Enerclima, empresa dedicada a energías renovables. Es autor de distintos libros y publicaciones en materia de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable y colaborador en diversos medios de comunicación.

[1] IMCO. 2011. Índice de Competitividad Municipal en Materia de Vivienda 2011.

[2] Glaeser, Edward. 2011. Triumph of the City. Penguin Press.

[3] Bettencourt, Luis, and West Geoffrey. 2011. Bigger Cities do More with Less. Scientific American. September.

 





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