El reto de la desproductividad



Por en noviembre 29, 2011 | 11:12 AM | Imprimir

El reto de la desproductividad

2011 pasará a la historia como un año de protestas mundiales contra un sistema económico global inequitativo, ecocida y autodestrictivo. Aunque las propuestas alternas parecen difusas, para Antonio Rojas la solución  es una desproductividad racional de bienes innecesarios que generan entropía y aceleran un potencial colapso…

 Nuestra ignorancia no es tan vasta como nuestro fracaso para usar lo que conocemos

Marion King Hubbert ( 1903 –  1989)

Y el colapso llegó…                                                                                                     

Un fantasma recorre el mundo, es el fantasma de la indignación.  Se engendra a nivel global la sensación de un colapso económico y energético. Quizá nuestra generación podrá vivenciar, de manera más rápida de lo esperado,  el último de los ciclos de un capitalismo depredador e insostenible que llegó a sus límites de extracción y explotación material. Ha llegado el momento de replantear el camino y construir sobre los errores y las falacias que amenazan el equilibrio de vida natural.

El 30 de septiembre de este año, estudiantes y trabajadores tomaron las calles de Nueva York bajo la consigna  Ocupa Wall Street. Por primera vez en la historia, en el epicentro del capitalismo mundial se hizo notar un importante movimiento de indignación gestado meses atrás en Europa, particularmente en España e Inglaterra.  Ya para el 18 de octubre varias ciudades latinoamericanas se unieron a la “indignación”, entre ellas la Ciudad de México.

Estos movimientos, aparentemente difusos en sus peticiones, se han centrado en una crítica consistente hacia un sistema económico poco equitativo, excluyente, ecocida, autodestructivo  y profundamente avaricioso. Los señalamientos son innegables,  sin embargo falta lo más importante: modificar el pensamiento alienado de las grandes masas.

A través de este artículo intentaré incluir elementos reflexivos orientados hacia la constitución de una sociedad más humana y más apegada a la naturaleza.    

El fin del capitalismo y la conservación de la civilización

El sistema económico se colapsa debido, principalmente, a sus límites materiales y energéticos; sin embargo, mientras esto sucede, millones de seres humanos están destinados a existir sin más función que la producción y el consumo de bienes materiales bajo el incentivo de alcanzar algo abstracto y lleno de prejuicios:  mejor calidad de vida.

La mayoría de las personas sólo trabajan por dinero y se rinden ante la burocracia de los sistemas económicos, políticos e ideológicos. El imaginario de los individuos está colonizado por un   condicionamiento encaminado a la idea de crecimiento material y progreso,  sin imaginar que el exceso de consumo de sus ilusiones es limitado e insostenible. Ante tal escenario, el capitalismo voraz implica la condena de la civilización, por ello es necesario cambiar de paradigma.

Mirando el presente, revisando analíticamente el pasado.

Las críticas al sistema económico capitalista son amplias y proceden de tiempos preindustriales, se consolidaron con el marxismo y culminarán con el reconocimiento sistémico del colapso.

A partir de la década de los setentas, se comenzó a hablar  del pico de petróleo debido a la escasez  previsible de los yacimientos en Texas, suceso que precedió los estudios solicitados por el Club de Roma al Instituto tecnológico de Massachussets, que dieron por resultado la publicación de los Límites del crecimiento.

Esta autocrítica al modelo económico incrementó a partir 1974 en Cuernavaca, cuando tuvo lugar un seminario organizado por la ONU sobre ambiente y desarrollo. El seminario se realizó en el Hotel Cocoyoc, nombre con el que se conoció a la declaración fundadora de un nuevo término:  ecodesarrollo.

De la idea de ecodesarrollo se originó tiempo después  el mal traducido y muy usado, desarrollo sustentable, término promovido por el ministro de Relaciones exteriores estadounidense Henry Kissinger para favorecer al corporativismo norteamericano en contraposición  al interés inicial por generar un paradigma alterno de desarrollo más afín a una verdadera visión ecosistémica.

La relación del hombre con la naturaleza

El materialismo histórico nos relata la historia de la humanidad como un constante ciclo de dominación. Bajo esta perspectiva, la historia comienza cuando el ser humano es capaz de transformar la naturaleza a su favor y se separa así del resto de los seres vivos,  supeditados  a la dinámica del ecosistema.

La modificación del ecosistema requiere energía que, como lo plantea la teoría de la termodinámica, no se utiliza plenamente para transformarse en su equivalente mecánico; esta parte de energía que se gasta pero no se usa la llamamos entropía.

La entropía aumenta conforme incrementamos el uso de energía y la producción de trabajo.

Este fenómeno representa un desorden acumulativo que existe y se concentra en un sistema  semicerrado como lo es nuestra biosfera.

El desorden derivado de la entropía activada por los seres humanos es un fenómeno que ha acelerado el caos en los ecosistemas.

David Price, en su ensayo Energía y evolución humana escribe:

“La especie humana se puede ver como aquella que ha evolucionado al servicio de la entropía, y no debe esperarse que sobreviva a las densas acumulaciones de energía que han contribuido a definir su nicho”.

El reto global actual implica, por un lado frenar el esquema actual de producción  cobijada por el antitético desarrollo sustentable y, por otro lado, procurar la permanencia de nuestra especie sin degradar el entorno bajo  principios cada  vez  más difundidos y comprobados de permacultura, técnica que implica la utilización mínima de energía en las actividades esenciales del ser humano.

Desencadenar el imaginario colectivo

La felicidad no es sinónimo de poder adquisitivo ni el desarrollo de las sociedades depende exclusivamente del aumento de bienes y servicios. Los valores humanos se transforman y son interpretativos.

Particularmente estimo la visión budista,  que excluye de sus prioridades la acumulación de riqueza y considera más importante la plenitud y el equilibrio personal.

Como digno ejemplo se encuentra el Reino de Bután, donde el rey Jigme Singye Wangchuck ,  en contracorriente a los demás países del globo, desestimó en 1972 la cuantificación del Producto Interno Bruto (PIB)  y optó por crear un indicador alternativo: La Felicidad Nacional Bruta (FNB), concepto que contempla elementos más holísticos, como la preservación de valores budistas, la aceptación  de un buen gobierno y el respeto al ambiente.

Desproducción

Como conclusión de este artículo, afirmo que,  para verdaderamente salir del sistema industrial nocivo y contaminante,  es necesario generar un paradigma alternativo de desproductividad.

Ser desproductivos significa, en varios escenarios, una mejor calidad de vida y mayor desarrollo humano. Por desproductividad no debe entenderse improductividad. La propuesta implica orientar el trabajo hacia actividades que no generen desequilibrio en el entorno natural.

Desproductividad implica dejar que los ecosistemas fluyan con el mínimo de intervención. Es una idea ligada a la permacultura.

En mi caso,  el reto de la desproductividad, implica una mayor labor intelectual (este escrito es un ejemplo). La desproductividad intenta generar la menor entropía posible y sus resultados se verán reflejados en el decrecimiento material del sistema económico e industrial.

La desproductividad es un neologismo utilizado por primera vez en este artículo y no debe interpretarse etimológicamente, sino metafóricamente. El término no pretende ser la premonición de una teoría económica, sino una definición a debate que permita generar mayor conciencia sobre las consecuencias de una producción excesiva que produce desorden y altera el equilibrio de los ecosistemas.

 Autor: Antonio Rojas 

Maestro en ciencias por la UNAM, especializado en ecología y transición energética. Actualmente trabaja como profesor  de Desarrollo humano en un mundo globalizado y Sostenbilidad y calidad de vida, en la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha trabajado en desarrollo rural como capacitador en la construcción de biodigestores anaerobios en municipios de la región mixteca de Puebla. También ha realizado estudios sobre ecología marina en relación a la presencia del fenómeno de El Niño y la sobre explotación pesquera. Participó en Klimaforum10 y encuentros de Pueblos convocados por el EZLN. Es practicante de meditación tibetana y aprendiz del Dahrma budista.

 

 

 

 

 

 

 

 





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3 comentarios


  1. Javier González, 2 años hace Responder

    Este artículo me pareció excelente, Los felicito por su concreción en ideas tan necesarias.


  2. Maria N., 2 años hace Responder

    muy bueno y reflexivo, ¡Gracias Toño!, me gusta la idea de la desproductividad, y tambien la FNB, me recuerda a una frase de Einstein que dice. “Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida mas fácil, nos aporta tan poca felicidad? La repuesta es está, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino.”

    En realidad no se si la tecnologia realmente pudiera hacernos “felices” algun dia usandola diferente, lo que si se es que actualmente no ha funcionado para lo que en escencia se quería.


  3. Germán Fregolent, 2 años hace Responder

    Excelente articulo antonio! una potente contribucion a la lucha por cambiar el status quo imperante. lo comparto con tu permiso..


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